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La propiedad privada y el uso de la tierra.

  • Foto del escritor: Cepaci
    Cepaci
  • 7 nov 2020
  • 3 min de lectura

La prensa nacional puso en agenda el violento y aleccionante desalojo a 2500 familias en un predio de 100 hectáreas al sur bonaerense, en Guernica, quienes supuestamente ocupaban tierras privadas.

Estos grandes poderes comunicacionales han construido el conflicto con un claro manejo mediático y político, que refuerza la insensibilidad social, la criminalización y los discursos de odio a los sectores sociales más vulnerables.

Para abordar el tema de la posesión de tierras y bienes inmuebles, debemos revisar la normativa vigente sobre la posesión y salvaguarda de estos bienes.

En la Argentina, el Código Civil plantea las bases y requisitos para la posesión y la propiedad privada de bienes inmuebles en su Libro Tercero de los Derechos Reales, cuando habla “De las acciones posesorias”. Cada provincia tiene, entre sus normas, una ley específica sobre el tema.

En cuanto a base teórica-ideológica que originó este tipo de institutos, estos velan por la protección de la propiedad privada y el uso pleno de dichos bienes, es decir, que los Estados favorecen el uso de estos bienes, ya sea para vivienda o producción. Se buscó evitar la ociosidad de tierras productivas, terrenos sin uso alguno o viviendas abandonadas. El instituto de posesión se funda en el uso correcto, pacífico y productivo de las tierras.

El artículo 181 del Código Penal, tipifica la usurpación como la acción de despojar la posesión o tenencia de un inmueble.

En el caso puntual de Guernica, los múltiples denunciantes (personas y sociedades) que se arrogan la titularidad, no han presentado títulos de propiedad.

Vale hacer una aclaración sobre el estado de los terrenos: las hectáreas estaban vacías, sin personas ni animales, sin bienes de ningún tipo, ni trabajadas productivamente.

En síntesis, en la toma de Guernica no se despojó, ni expulsó a nadie. Tampoco se acreditaron títulos de domino conforme a lo establecido en nuestro Código Civil.

Este conflicto pone en evidencia dos cosas:

a) el origen de cómo obtuvieron las tierras los grandes terratenientes, mediante la expropiación a los habitantes originarios, por ejemplo en la campaña del desierto,

b) las consecuencias de la patria sojera que echó a muchas familias del campo.

A la vez que nos obliga a reflexionar sobre el modelo que privilegia las relaciones de connivencia entre el desinterés gubernamental, la especulación de la industria inmobiliaria, las fuerzas policiales y la justicia.

¿Se trata de una usurpación o de un estado de necesidad?

Los últimos casos de tomas en nuestro país, denotan que dichos terrenos eran ociosos y que han sido recuperados por familias que no poseían ni tierras ni viviendas.

Atravesados por un contexto pandémico, donde la situación pobreza (y sus índices) no da tregua, frente a la ausencia de políticas públicas y una nefasta embestida mediática en su contra, familias organizadas lograron constituir una comunidad que lucha por su dignidad y por el acceso a un derecho básico como es la vivienda, en un espacio físico que, antes de ellos, no tenía uso.

Detrás de cada toma de tierras hay abandono estatal, hambre, pobreza y diversos tipos de violencia como el represivo accionar policial que se vivió en Guernica, donde el forzoso desalojo vulneró los derechos humanos de quienes menos tienen.

Las familias de 3 mil niños y niñas que ocuparon Guernica buscaban el acceso a la tierra para vivir dignamente. Derecho que no puede ser equiparado con la especulación financiera-inmobiliaria sobre la propiedad privada.

Comenzar a discutir la problemática habitacional real en cada provincia, es una forma de buscar una solución, que no sólo terminaría con las tomas sino con los grandes beneficiados del sistema, los especuladores.




 
 
 

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